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AIDA

AIDA

de Giuseppe Verdi


El indeflectible drama ambientado en las orillas del Nilo.

Lea la trama del espectáculo.


 

Ópera en 4 actos de Giuseppe Verdi

Libreto de Antonio Ghislanzoni

Director: Franco Zeffirelli



Acto I
 

Un salón en el palacio del Rey; a través de la puerta trasera se ven las pirámides y los templos de Menfis


Ramfis, el sumo sacerdote de Egipto, le dice a Radamés, el joven guerrero, que la guerra con los etíopes parece inevitable, y Radamés expresa su esperanza de ser elegido como comandante egipcio. 

Radamés sueña tanto con obtener la victoria en el campo de batalla como de Aída, la esclava etíope a la que ama en secreto. Aída, que está también en secreto enamorada de Radamés, es la hija capturada del rey etíope Amonasro, pero sus captores egipcios no son conscientes de su verdadera identidad. Su padre ha invadido Egipto para liberarla de la esclavitud.

Amneris, la hija del rey egipcio entra en el salón. Ella también ama a Radamés, pero teme que su corazón pertenezca a alguien más.

Entonces aparece Aída y, cuando Radamés la ve, Amneris se da cuenta de que él parece perturbado. Ella sospecha que Aída puede ser su rival, pero es capaz de esconder sus celos y se acerca a ella.

El Rey entra, junto con el Sumo Sacerdote, Ramfis, y toda la corte del palacio. Un mensajero anuncia que los etíopes, liderados por el rey Amonasro, marchan hacia Tebas. El Rey declara la guerra y proclama a Radamés para ser el hombre elegido por la diosa Isis como líder del ejército. Al recibir el mandato del Rey, Radamés se encamina al templo de Ptah para tomar las armas sagradas.

Este cuatro finaliza con Aída sola en el salón, en la que se siente dividida entre su amor como hija, la lealtad a su país y el amor por Radamés, haciendo suyas las palabras con que los egipcios saludan a Radamés, recién nombrado general del ejército, deseándole la victoria. Ella también quiere el éxito de su amado y supone, al tiempo, la derrota de su padre Amonasro, rey de los etíopes. Amor y deber patrio luchan en el corazón generoso de la angustiada joven, que al final de la página ruega compasión a los dioses.


Dentro del Templo de Ptah


En el templo de Ptah, en Menfis, los sacerdotes invocan la ayuda de los dioses a través de solemnes ceremonias y danzas, a lo que sigue el nombramiento de Radamés como jefe del ejército. Todos los que están presentes en el templo rezan por la victoria de Egipto y la protección de sus guerreros.

Acto II


Sala privada de Amneris


Se desarrollan danzas y música para celebrar la victoria de Radamés. Sin embargo, Amneris aún duda sobre el amor de Radamés y se pregunta si Aída está enamorada del joven guerrero. Intenta olvidar sus dudas, entreteniendo su corazón preocupado con la danza de esclavas moras.

Cuando Aída entra en la cámara, Amneris pide que todo el mundo se marche. Se produce el enfrentamiento entre Aída y Amneris: la princesa egipcia interroga con astucia a la esclava que, involuntariamente, descubre su amor por Radamés. Esta confesión encoleriza a Amneris, quien se revela como su rival y planea vengarse de Aída. Ignorando las peticiones de Aída, Amneris la deja a solas en la cámara.


La gran puerta de la ciudad de Tebas


Radamés regresa victorioso y las tropas marchan dentro de la ciudad. Se desarrolla una escena de enorme espectacularidad que sirve de justificación a colosales montajes. El rey de Egipto decreta que en este día el triunfante Radamés puede tener lo que desee. Los cautivos etíopes están reunidos y Amonasro aparece entre ellos. Aída inmediatamente se aproxima a su padre, pero sus verdaderas identidades aún son desconocidas para los egipciones, excepto por el hecho de que son padre e hija. Amonasro declara que el rey etíope (él mismo) ha resultado muerto en la batalla. Aída, Amonasro y los etíopes capturados ruegan al rey egipcio que se apiade de ellos, pero los egipcios piden su muerte.

Como recompensa por parte del rey, Ramadés le ruega que no mate a los prisioneros y los libere. Agradecido, el rey de Egipto declara que Radamés será su sucesor y el prometido de su hija. Aída y Amonasro permanecen como rehenes para asegurar que los etíopes no se vengarán de su derrota.


Acto III

Entrada del templo de Isis junto al Nilo


Se dicen oraciones en la víspera del matrimonio entre Amneris y Radamés en el Templo de Isis. Fuera, Aída espera encontrarse con Radamés tal como habían planeado, en la que la joven recuerda su tierra natal, que nunca volverá a ver. Amonasro aparce y obliga a Aída a que averigüe a través de Radamés dónde se encuentra el ejército egipcio. Cuando él llega, Amonasro se esconde detrás de una roca y escucha su conversación.

Radamés confirma que Aída es la persona con la que se casará, y Aída lo convence para huir al desierto con ella.

Para que sea más fácil escapar, Radamés propone que usen una ruta segura sin ningún temor a ser descubiertos y también revela el lugar donde su ejército ha decidido atacar. Al oír esto, Amonasro sale de su escondite y revela su identidad. Radamés se siente deshonrado. Al mismo tiempo Amneris y Ramfis dejan el templo y, al ver a Radamés con su enemigo, llama a los guardias. Amonasro y Aida intentan convencer 

Acto IV


Salón en el Templo de la Justicia. A un lado está la puerta que lleva a la celda de la prisión de Radamés.

Destaca la gran escena de Amneris, empieza con ella cantando sola. Desea salvar a Radamés. Dice que se lo lleven y entonces sigue la escena con ella y Radamés. Le pide a Radamés que niegue las acusaciones, pero Radamés lo rechaza. El joven, traidor involuntario a su patria y sin posibilidad de recuperar a Aída sólo desea morir. Seguro de que, como castigo, será condenado a muerte, Amneris le pide que se defienda, pero Radamés lo rechaza firmemente. Él se siente aliviado al saber que Aída aún está viva y confía en que ella haya llegado a su propio país. Amneris se siente herida por su decisión.

Sigue el juicio de Radamés, que tiene lugar fuera del escenario; él no responde a las acusaciones de Ramfis y es condenado, mientras Amneris, que continúa en escena, ruega a los sacerdotes que muestren su piedad. Lo sentencian a morir enterrado vivo, y entonces Amneris llama a los sacerdotes de Isis «tigres sedientos de sangre».


La porción inferior de la etapa muestra el subterráneo en el Templo de Ptah; la porción superior muestra el primer piso del templo.


Radamés ha sido llevado al subterráneo del templo y sellado en una oscura bóveda, está enterrado vivo. Cree que está solo y confía en que Aída esté en un lugar más seguro. Pero oye un suspiro y descubre en la tumba a su amada, quien se ha escondido en la bóveda para morir con Radamés. Aceptan su terrible destino, unen sus voces en el célebre «O terra, addio» y se despiden de la tierra y sus penas.

Por encima de la bóveda en el templo de Ptah, Amneris, impotente y profundamente dolorida, implora a Isis para que su adorado Radamés pueda descansar en paz, ignorando que en su tumba Aída lo acompañará eternamente. En el subterráneo, Aída muere en los brazos de Radamés.